Relaciones Perversas

A los seres humanos nos mueve el deseo de obtener felicidad personal y hacer feliz a la pareja. Felicidad, placer, bienestar, satisfacción, son lo mismo.
Lo que une a una pareja es el amor, el quererse. Pero, ¿el amor es lo único que mantiene unida a una pareja? No. Lo que también los mantiene unidos es lo que denomino ‘las dinámicas perversas’ que a pesar que adquieren una apariencia romántica, son perversas porque es el goce lo que está implícito ahí y no el amor. Gozar no es lo mismo que amar.

El Dominio
La fantasía de sometimiento mutuo. Dominar y ser dominado, pues al lado del que domina hay otro que se deja dominar. Esta dinámica no se basa en la crueldad, sino en un intercambio de poder consensuado que realiza una pareja. No tiene que ver con una sexualidad sado- masoquista, muy por el contrario se trata de una forma de relación habitual y cotidiana, que mantiene unida a la pareja.

El que actúa ejerciendo una posición dominante, siente placer al sentirse poderoso. Reglas y exigencias que la otra persona tiene que hacer. De lo contrario tendrá que asumir las consecuencias.
He visto que la mujer tiende a adquirir esta posición dominante. Esto suele originarse por miedos inconscientes que generan ansiedad y que la posición dominante logra atenuar.

El que adquiere una posición de dejarse dominar siente placer al quedar atrapado con otro. La entrega absoluta y la disolución de sí mismo. La sumisión como una forma de reconocimiento amoroso. Las exigencias y las reglas rigurosas pasan a constituir una prueba concreta del amor de la pareja.

UniDos
Suelen ser complejas pues buscan constatar el amor de la pareja. Son parejas muy demandantes. Suscitar la atención del otro, peleas reiteradas y sobredependencia (necesitar al otro para todo) son algunos ejemplos de esta dinámica.

La fantasía es estar fusionados, como pegados, el uno en el otro, ser uno. Una unidad indisoluble.

Una de las ‘Urphantasie freudianas’ que hace alusión a una fantasía originaria cuya función es organizar la vida psicológica infantil, al crear fantasías que rellenan las lagunas de la verdad individual.

Hay una búsqueda de un encierro protector y el encuentro con un otro idealizado. Idealizado pues la fantasía de fusión permite ficcionar una presencia allí donde hubo ausencia, abandono, déficit materno o paterno en la infancia.

Estar fusionado con un otro que entrega una mirada amorosa, que hace sentir valorización, importancia, inclusión.
El juego es sostener la creencia que se trata de un otro fagocitante que hace sentir completitud y pareciera que así desaparecen los vacíos, las carencias y silencios personales.

Identificar y trabajar estas dinámicas perversas, solo es posible a través de un apoyo profesional.

Susana Krause
Psicóloga Clínica
U de Chile