El costo de una separación

Cuando una pareja se separa, estén casados o vivan juntos, tiene costos muy elevados. Costos no solo económicos y familiares, sino principalmente afectivos y anímicos.

En lo económico, todos sabemos los valores asociados con abogados, mediaciones, nuevos arriendos y mensualidades elevadas especialmente si hay hijos que educar.

Lo que hay que resguardar es el costo afectivo y anímico. La pérdida, asumir el fin de un sueño emprendido en conjunto con esa persona especial. He observado en mis pacientes que independientemente si estaban enamorados el uno del otro, igual hay un sentimiento de pérdida afectiva, pérdida difícil de superar porque obedece a esa parte de la mente que escapa de nuestro control; soñar. Una pareja trae asociada diversos sueños; formar familia, construir un hogar, encontrar a la media naranja, compartir la vida, pasarla bien. Siempre hay sueños y perderlos es lo que más duele. Y ese dolor se refleja en el ánimo.

Hay personas que se van al polo de la manía, es decir el dolor es tan fuerte que la única manera de mitigarlo es ‘cambiarlo’ por placer, casi como un trueque y comienzan a ‘desatarse’ en fiestas, salidas y touchs and go. Otros por el contrario, se ensimisman y su ánimo se aquieta, se centran en su trabajo casi al extremo de convertirse en trabajólicos, o se vierten hacia sus hijos o hacia sus padres como una forma de reemplazar ese afecto que ya no está y que se echa de menos. Elegir uno u otro camino es inconsciente, surge y está relacionado con las experiencias afectivas en la niñez.

En ambos casos, se debe pedir ayuda para superar la pérdida de una manera constructiva, para ‘rehacer’ la vida afectiva cuando sea el momento, pero ahora con entusiasmo y confiando en la posibilidad real de soñar con una nueva persona y esta vez lograrlo.

Susana Krause
Psicóloga